Sobre el polémico proyecto de Reforma de las Pensiones

Pensiones

Las pensiones siempre han sido el caballo de batalla de los partidos políticos, sabedores de que se trata de un tema socialmente delicado. Es el futuro económico de la sociedad en la que vivimos y por eso saben que juegan con fuego cuando se trata de reformar algo que tiene ver con la jubilación/vejez, precisamente, los años más delicados de nuestra vida.

Y este conocimiento es utilizado por unos y otros como bazas políticas, como arma arrojadiza, como si los pensionistas no fueran sino un juguete más en sus manos en el que se puede influir para que se vote en una u otra dirección. Ahora, la oposición en pleno se opone a las reformas del Gobierno; hace dos años eran los del PP los que echaban en cara al anterior Gobierno su dejadez para con los pensionistas, y dentro de unos años será el Gobierno que esté, sea de derechas o izquierdas, el que sea apaleado por su oposición. La cuestión es que no se arrimen los hombros en un frente común para luchar por un futuro más digno, el que poco a poco parece que se nos está yendo de las manos por culpa de la particular idiosincracia política que lo único que busca es lograr votos para alcanzar el poder…

Sea como fuera, e independientemente de las peleas en el Congreso, tenemos por delante un futuro difícil, con una Seguridad Social practicamente en quiebra y difícilmente sostenible, máxima porque los últimos años de caida del empleo, y por lo tanto, de las cotizaciones, han afectado tan drásticamente a los ingresos.

Frente a la difícil situación del sistema de pensiones está además la difícil situación económica que vive el país y que obliga a ciertos ajustes y recortes en los gastos. La propia Bruselas abogó por el debate sobre la sostenibilidad del sistema de pensiones y por reformar una ley que luchara precisamente porque haya un futuro garantizado tras la jubilación.

Las medidas propuestas han ido en este sentido, y aunque bien puedan verse como adecuadas desde determinado punto de vista, no son suficientes.

Necesariamente cualquier reforma que se haga se debe ver desde dos puntos de vista: por un lado, desde el impersonal punto de vista de la crisis actual. Cada vez está más claro que seguir así nos conducirá al fracaso y que por tanto, en bien del futuro hay que ajustar y recortar los gastos del sistema de pensiones (teniendo en cuenta que ahora mismo es difícil hacer subir los ingresos sociales). Pero desde el otro punto de vista, el más personal, el de los jubilados, ésto supone una clara pérdida de poder adquisitivo.

El principal punto de conflicto entre Gobierno y Oposición está en la fórmula de actualización anual de las prestaciones.

Con la nueva reforma los pensionistas se verán perjudicados porque van a perder poder adquisitivo, pero por otro lado, supondrá según el Gobierno un ahorro para el país para el periodo entre 2014 y 2022 de casi 33.000 millones de euros.

Actualmente la fórmula de revalorización de las pensiones está ligada al IPC. La idea es sustituir este índice para vincularlo directamente a los ingresos y gastos del sistema. Además, se establecerá un límite de revalorización tanto para épocas mlas como la actual como para épocas de bonanza, de modo que el suelo en épocas de déficit será del 0,25% y en épocas de bonanzas lo será de inflación más 0,50% (hasta ayer se planteaba que fuera +0.25%, pero ante la presión popular se ha subido hasta el 0,50%).

Es una fórmula que se aplicaría ya desde el 2014 y que afectará a todos los pensionistas presentes y futuros. en la práctica supone casi una congelación de pensiones porque por lo mínimo subirían solo un 0,25% pero como máximo se limitaría casi a una subida equivalente a la inflación de ese año.

Paralelamente en el proyecto de Reformas se plantea estudiar la esperanza de vida a la hora de calcular la pensión inicial de modo que esta cuantía se reduciría en proporción a lo que aumente la esperanza de vida. Estos estudios apuntan a que podría plantearse que cada 15 años se revisara el reducir la pensión inicial en un 10% con los parametros actuales. No obstante, quede claro que dependerá de la esperanza de vida que se tenga en cada momento.

Ayer, y tras un pleno de casi 11 horas, la Ley de Reformas pasó el primer trámite, con solo los votos positivos del PP. El siguiente paso lo llevará al trámite de enmiendas, para después encaminarse al Senado y finalmente volver al Congreso para que se apruebe definitivamente.

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