Consecuencias de la limitación del tipo de interés

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Polémica decisión la que puso sobre la mesa recientemente el Banco de España al limitar el tipo de interés con el que las entidades financieras remuneran los ahorros de sus clientes. Polémica por cuanto puede ser difícilmente entendible por esos mismos clientes que buscan maximizar sus ahorros y por la incertidumbre que ha desatado al no dejar explícitamente escrito qué productos bancarios se verán afectados por la norma.

Recordemos que el Banco de España ha «recomendado» limitar los rendimientos que venían ofreciendo hasta ahora los productos de captación de ahorro a un máximo de entre un 1,75% y un 2,75% en plazos de hasta 24 meses. Y lo han hecho mediante un «boca a boca», sin circulares, sin papeles escritos, solo con consejos o recomendaciones que han dirigido a los bancos, en principio, españoles, pero con el plus de que esas mismas entidades estarán bajo supervisión mensual a fin de que se cumplan esos objetivos marcados.

Los primeros perjudicados serán los ahorradores, los clientes de a pie que ven como por sus ahorros no recibirán un tipo de interés atractivo. Se acabó la guerra de los depósitos y atrás quedan aquellos tipos de hasta el 4%. Y todo para beneficio de la banca, podría pensarse. A fin de cuentas, lo que se busca con ello es que mejoren los margenes bancarios y con ello, que se vean resultados inmediatos en los balances y resultados bancarios.

No hay que olvidar, no obstante, que buena parte de la crisis actual que estamos viviendo proviene precisamente de los problemas financieros que han asumido determinadas entidades bancarias. Con esta medida se pretende precisamente solventar parte de esos dislates cometidos en los últimos tiempos, mejorar y sanear los balances y evitar nuevas crisis bancarias que podrían condenarnos al más caliente de los infiernos. ¿Podría, desde este punto de vista, considerarse una medida beneficiosa para todos? sí, probablemente, sí. Pese a quien nos pese, los beneficios de la banca acaban repercutiendo en la gente de la calle, en sus clientes.

Un menor rendimiento hace además menos atractivo el ahorro, con lo que se fomenta el consumo. Estamos en niveles bajísimos, y nuestra economía necesita urgentemente regenerarse, aumentar el rimo de negocio, consumir.

Y, por otro lado, si bien los ahorradores ahora cuentan con menos productos en los que conseguir una rentabilidad fija, no por ello dejan de tener un buen abanico donde aferrarse. Que habrá que asumir quizás más riesgo para conseguir un buen rendimiento, sí, está claro. La Bolsa, los fondos de inversión y la deuda pública serán los grandes beneficiados. A fin de cuentas, ellos pueden dar aquellos tipos de interés que ahora ya se han perdido vía depósitos y cuentas remuneradas.

Mientras tanto, seguiremos con la incertidumbre de saber si esa limitación se extenderá también a las entidades extranjeras que operan en España (y que aún ofrecen productos de alta rentabilidad) y a algo más que a depósitos y pagarés.

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