La obsesión por el precio de la acción

Una de las cosas más llamativas de la psicología de los inversores en Bolsa es la importancia que conceden a algo que no la tiene como es el precio en sí mismo de una acción, sin tener en cuenta cuál es su PER (Price to Earnings Ratio) o su beneficio por título.

La mentalidad de los inversores les lleva a pensar que una acción que cotice, por ejemplo, a siete euros es más barata que una que lo haga a 45, aunque el PER –relación entre el precio y el beneficio por acción- de la primera sea 19, lo que supone una rentabilidad del 5,26% y, por tanto, es cara, y la segunda tenga un PER de 12, es decir, ofrezca una rentabilidad del 8,33% y, en consecuencia, sea barata. Pero para muchas personas lo que cuenta es el número de euros que cuesta una acción, no otras cosas.

Desde esta perspectiva se dan casos curiosos pero reales. El Banco Popular, por ejemplo, opta deliberadamente porque sus acciones valgan mucho en términos de euros. Antes de que España entrase a formar parte de la Unión Monetaria Europea, los títulos del Popular cotizaban a 11.000 y 12.000 pesetas.

Para muchas personas, esa cotización era sinónimo de carestía cuando, en realidad, al tener en cuenta los beneficios del banco eran los precios adecuados que permitían conseguir buenas rentabilidades. En cambio, no encontraban caras las acciones de Telefónica a 4.000 pesetas en 1998 y 1999, cuando sí lo eran si se tenía en cuenta el beneficio por acción.

Los directivos del Banco Popular conocen esa forma de pensar de los inversores y como prefieren que en su capital no haya accionistas con pequeños paquetes de títulos, aunque no lo impiden, optan porque cada uno de ellos cueste bastantes euros aunque sean muy rentables.

Foto Vía: Walking with a Ghost

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