Indicadores objetivos en economía

Como todas las ciencias sociales la economía debe seguir un método científico; no obstante, a diferencia de las ciencias exactas no se obtienen nunca resultados matemáticos puros e inapelables pues en las ciencias sociales los resultados para comprobar las hipótesis formuladas nunca pueden ser rigurosos quedando siempre un margen de error. Sin embargo las ciencias sociales pueden distinguir indicadores objetivos y subjetivos y no es lo mismo tomar en consideración unos que otros.

Un indicador subjetivo depende de la percepción que un sujeto o conjunto de ellos tiene respecto a un fenómeno o situación cualquiera. Así, por ejemplo, en la historia una crónica escrita que nos explique los sucesos de una determinada época sería un indicador subjetivo puesto que depende del punto de vista del autor. En economía las cotizaciones de un determinado bien en un momento preciso o índices como el de confianza del consumidor o las expectativas de los industriales no dejan de ser indicadores subjetivos, aun cuando sean de gran importancia.

En cambio los indicadores objetivos resultan inapelables. Cosa que no quiere decir que todo economista saque de los mismos las mismas conclusiones. Estos datos suelen publicitarse menos puesto que tienen una naturaleza bastante técnica, no obstante, resultan imprescindibles para hacer estrapolaciones de expectativas. Así por ejemplo sabemos que en julio se ha registrado una caída del consumo de energía del 1,5% en términos interanuales. Dependiendo de otros datos podemos sacar conclusiones diferentes sobre el significado de esta cifra, desde una mejora de la eficiencia energética a una caída en la producción, pero, en todo caso, este dato sí que muestra una realidad económica concreta inopinable. Datos como el índice de precios industriales o el de la recaudación de los diversos impuestos, morosidad en los créditos, el Baltic Dry Index, etc. son importantísimos a la hora de conocer el estado real de la economía.

Aun así es necesario conocer la mayor cantidad de datos posibles e interrelacionarlos para poder llegar a conclusiones válidas. Un dato por sí solo raramente refleja nada. Pongamos el caso de la recaudación fiscal, si no conocemos, al menos aproximadamente, el nivel de fraude y su incidencia sectorial llegaremos siempre a conclusiones equivocadas, así, por ejemplo, en España resultaría que los trabajadores ganan más dinero que los empresarios, cosa bastante improbable. Ejemplos parecidos podrían citarse a propósito de las cifras de paro o los precios de los inmuebles.

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