El carácter miedoso del dinero

Los mercados bursátiles digieren las buenas noticias poco a poco y se adaptan a ellas de manera paulatina, ya que una buena noticia es una oportunidad de compra que si se ejecuta de golpe puede encarecer demasiado la operación. Sin embargo, ante la adversidad reaccionan de manera inmediata y desmedida, con órdenes de venta que hunden las cotizaciones.

No obstante, hay ocasiones en que el objeto de la reacción excesiva de los precios de las acciones es un hecho favorable e inesperado, por ejemplo, el anuncio de una fusión, adquisición u OPA, la aprobación para la comercialización de un nuevo y prometedor producto, etc.; pero estos casos son los menos y, por lo general, no suelen dar lugar a que el órgano rector de la Bolsa tenga que ampliar el rango de fluctuación del valor afectado para poder cuadrar una demanda elevada con una oferta insuficiente mediante precios más elevados.

Cuando una acción o índice bursátil tiene una reacción desmedida ante un acontecimiento inesperado, el gráfico de su evolución suele presentar forma de V. Con los títulos, este dibujo se presenta habitualmente en la misma sesión en que se conoce la noticia.

En ese momento, todo el mundo se lanza a vender, lo que provoca una caída drástica de la cotización hasta que el precio baja tanto que empieza a ser atractivo invertir en dicho título, bien con vistas a largo plazo, bien para operar a corto. Entonces, el valor empieza a recuperar parte del terreno perdido.

Los índices, en cambio, presentan la gráfica en forma de V cuando han transcurrido varios días, o, de manera más habitual, varias semanas, desde que sucedieron los acontecimientos que dieron lugar a su caída.

Este comportamiento tiene una explicación muy sencilla. Los inversores institucionales tienden al pánico y la depresión; y cuando en el parqué pintan bastos, les falta tiempo para vender y recoger beneficios o reducir las pérdidas. Lo hacen todos al unísono. Al final, el dinero es miedoso y gregario.

Foto Vía: Arkangel

Tags:





Top