Información a facilitar para poder cotizar

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Las acciones admitidas a cotización han de suministrar información financiera de varios tipos: folleto de admisión, información económico-financiera e información puntual sobre hechos relevantes que afecten a la marcha de la sociedad.

El folleto de admisión es obligatorio para las sociedades que emiten empréstitos, amplían el capital o solicitan por vez primera la admisión a cotización. Para la deuda pública, sin embargo, no existe esta obligatoriedad.

El folleto ha de aportar información sobre la situación económico-financiera (con los estados financieros auditados) y jurídica de la sociedad, sobre los títulos cuya admisión a cotización se solicita y sobre los planes de futuro y perspectivas de la empresa.

La información económico-financiera ha de presentarse con periodicidad trimestral y ha de facilitarse antes de dos meses después de finalizar cada trimestre. Esta información ha de aportar datos sobre operaciones financieras importantes realizadas en el último trimestre por la sociedad, sobre su situación económico-financiera y sobre las previsiones del ejercicio en curso.

En este sentido, esta información sirve para dictaminar si una empresa tiene un patrimonio saneado y una buena capacidad para generar beneficios y liquidez.

Por su parte, la información puntual hace referencia a la aportación de datos sobre hechos relevantes por las sociedades (por ejemplo, reparto de dividendos, variaciones del capital social, emisiones de obligaciones, existencia de participaciones, directas o indirectas, en el capital de otras sociedades).

Antes de adquirir acciones o deuda de una empresa es necesario analizar esta información. Se trata, en definitiva, de comprobar que se invierte en empresas que están evolucionando favorablemente y que tienen unas buenas perspectivas de futuro.

Además, es imprescindible que la información contable tenga un mínimo de fiabilidad. Para ello, los informes de auditoría tienen que contener una opinión favorable, y sin salvedades, sobre la imagen fiel del patrimonio y de los resultados que presentan las cuentas. Cuando los informes de los auditores contienen salvedades, o bien emiten una opinión desfavorable, conviene desconfiar de la fiabilidad de las cuentas.

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