Los diamantes, inversiones atípicas

diamantes

Es habitual escuchar argumentos del estilo de que las grandes fortunas invierten en arte, en antigüedades o en diamantes. Bajo el punto de vista de quien escribe ésto no es cierto en absoluto. Las grandes fortunas adquieren, ciertamente, todo este tipo de objetos de lujo. Ahora bien, no es cierto que dichos objetos sean en sí mismos una inversión. En absoluto.

En primer lugar las grandes fortunas pueden comprar casi de todo, no es posible dedicar al simple consumo tantas cantidades de dinero, así pues los objetos de lujo se adquieren por prestigio, tienen un uso y, si resulta que además conservan o aumentan su valor todavía mejor, aun así no se pueden considerar una inversión sino un activo inmovilizado. Así pues, no recomendaríamos a ningún inversor interesarse por estos mercados.

En segundo lugar, a diferencia de lo que ocurre con la inversión en oro, no existe ningún mercado de referencia organizado para invertir, por ejemplo, en diamantes. Tampoco es fácil informarse de los precios reales, ni saber su evolución, los estudios más conocidos indican que en los últimos años los diamantes ser revalorizan entre un 3% y un 6% anual y que, en todo caso, no bajan de precio. Ahora bien, para saber ésto hemos de saber tratar con diversos laboratorios que certifican la calidad de las piezas de acuerdo a los cuatro criterios (en el caso de los diamantes) usados de forma habitual que son: color, talla, pureza y peso.

Se pueden adquirir diamantes con certificados reconocidos internacionalmente. No parece, sin embargo, que sea más rentable que tener una cesta de inversiones debidamente diversificada, ni se puede esperar mucha más rentabilidad que algo, por poner un ejemplo muy fácil, que negociar un buen depósito bancario, sobre todo ahora que las entidades financieras los remuneran muy bien debido a la necesidad de captar pasivo que tienen.

Tal y como considerábamos al hablar del oro y de la dificultad de su atesoramiento físico y posterior venta los diamantes y todavía más el arte o las antigüedades, tropezarían con el problema de ser extremadamente ilíquidos, de modo que, incluso admitiendo que el precio al que se desea vender después de una revalorización sea justo, es posible encontrar muchas dificultades para hallar un comprador. En este sentido corremos el peligro de tener que vender por debajo del precio de mercado si surge un momento de necesidad. Este peligro se evita si se acude a activos con un mercado de referencia, lo mismo si se trata de la bolsa que de inversión en ‘comodities’. Y, por encima de todo, si alguien trata de venderle algún producto financiero vinculado a inversiones de este tipo asegurándole determinados beneficios por encima de mercado a un tiempo determinado y sin riesgo alguno… Sospeche, lo más normal es que estén tratando de estafarle.

Tags: ,





Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Top