Los efectos de los déficits en el largo plazo

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El año pasado habíamos escrito sobre la necesidad de un déficit fiscal bajo ciertas condiciones, tales como las presentadas por la economía española durante los últimos años. En la entrada sobre si ¿es bueno el déficit fiscal? analizábamos qué es el déficit fiscal y por qué en ciertas ocasiones es necesario acudir al mismo para sostener a la economía, siguiendo las ideas de Keynes.

En esta oportunidad analizaremos los efectos de los déficits públicos cuando son sostenidos en el tiempo, es decir cuando son muy prolongados. Si bien mantenemos la postura de la necesidad de la intervención en el mercado por parte de los gobiernos, es bueno tener presente los costos que ello involucra, en este caso el de aumentar el “gasto público”.

Recordando brevemente, decimos que el déficit público o fiscal es aquél en el que un gobierno gasta más dinero del que es capaz de recaudar. Tal como ocurre en los hogares, una familia no puede gastar por encima de sus ingresos, salvo que acuda a:

Pero los gobiernos poseen herramientas adicionales que las familias no, como por ejemplo la emisión de dinero o la emisión de deuda pública, similar a la solicitud de préstamos.

Pero la emisión de dinero tiene un límite, el cual es medible por los bancos centrales de cada país, el cual de excederse provocaría inflación y devaluación de la moneda. Además esta alternativa no puede ser llevada a cabo por encontrarse bajo el ámbito del euro.

En cuanto a la emisión de deuda pública, que es una de las herramientas más utilizadas, y la solicitud de créditos a entidades financieras ocasionan un costo financiero (que es la rentabilidad de la entidad financiera) que en algún momento deberá pagarse, esto es lo que se conoce como la obligación impositiva pospuesta.

El Estado deberá, en algún momento, hacer frente a esas obligaciones contraídas y cuanto antes mejor, pero para ello deberá recaudar fondos. La forma natural de hacerlo es con el cobro de los impuestos, medio natural de ingresos de un Estado.

Es decir que a la larga, un déficit fiscal o público, tenderá a un aumento en los impuestos, tal como ocurrió este año con el IVA en España y otros países de Europa.

Lo que queda por definir es como el Estado aplicará ese aumento en los impuestos, lo cual puede afectar a un solo sector de la sociedad con impuestos directos, o afectar a toda la sociedad con impuestos indirectos como el IVA.

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