Administrar el riesgo

En el mundo de las finanzas y los negocios uno de los factores más destacados es el riesgo. En realidad en cualquier aspecto diario de la vida misma existe el factor riesgo. Es algo inevitable por cualquiera.

Claro que lo que varía es la aversión y propensión al riesgo. Es decir hay quienes están más propensos al riesgo y quienes le tienen un mayor «respeto». Los inversores con perfiles conservadores se encuentran en el último grupo, mientras que los inversores más atrevidos están en el primer grupo.

Ahora, ¿el riesgo es administrable? Es una pregunta tan compleja como puntos de vistas existan. Esto es así por la subjetividad existente respecto del tema. Lo que veremos es un análisis básico de si el riesgo es administrable y en qué medida.

La administración del riesgo

Una las cuestiones básicas que debemos interpretar es que el riesgo nos identifica con la incertidumbre que exista respecto de algo.

Por ejemplo si tuviéramos plena certeza de que número va a salir en la quiniela, el riesgo sería nulo, simplemente se juega a ese número y se pasa a cobrar. Pero si desconocemos que número va a caer (incertidumbre) el riesgo puede ser cuantificado según las estadísticas.

En nuestro caso sería 1 (el número jugado) dividido la cantidad de números posibles de caer. Si la quiniela va del 00 al 99 nuestra posibilidad de acierto es del 1/100=0.01 y nuestro riesgo (de perder el importe apostado) es de 99,99.

Este es un ejemplo sencillo, donde conocemos todas las posibilidades de ocurrencia que existen. Pero la cosa se complica al analizar situaciones más complejas, donde nos encontramos con análisis más profundos y que requieren de la ayuda de herramientas más complejas que una simple operación matemática.

Aquí las estadísticas influyen de forma más incisiva, aunque solo presentan un cálculo orientativo al inversor.

Otra forma de mensurar el riesgo es por medio de la planificación de escenarios futuros. Esta es una herramienta muy utilizada por los directivos de las empresas y por algunos operadores financieros.

Consiste básicamente en establecer porcentajes de ocurrencia de un factor y en como puede afectar en cada caso al objetivo perseguido. Un ejemplo podría ser:

¿Cuánto beneficio dará la acción X durante el 2010?

  • Escenario Optimista – beneficio del 20%: 30%
  • Escenario Normal – beneficio del 9%: 50%
  • Escenario Pesimista – beneficio del -10%: 20%

El valor esperado resulta: 8.5%. Mientras que la varianza es del 20.7%. La varianza nos indica el riesgo de la operación.

En este caso, según el perfil del inversor, el monto a invertir y otros factores a analizar, esta podría ser una buena alternativa de inversión.

Es importante recordar que hay quienes se oponen al uso de las estadísticas para medir el riesgo. Opinión respetable, pero que de momento no encuentro otra forma lógica y objetiva de cuantificar el riesgo.

Es recomendable minimizar los riesgos en lo posible, una clara medida de esto, la toman los empresarios al contratar seguros frente a diversos siniestros o contingencias.

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