Errores capitales a la hora de invertir

empresario inversor

Al invertir uno puede cometer errores que pueden costar caro. Estos errores normalmente se dan en los inicios de la vida de un inversor. Esto es debido a la inexperiencia, miedo y expectativas en exceso, que sufre un inversor novato.

Evitar cometer errores, es una tarea ardua y compleja, que requiere de mucha lectura y sobre todo fijar la atención en las experiencias pasadas por otros inversores, de nivel tanto avanzados como de inversores novatos.

Hoy vamos a mencionar algunas sugerencias para evitar esos errores, aunque como se dijo son solo sugerencias y uno no debe basarse simplemente en ellos, sino que debe continuar con una mayor lectura del tema.

  1. Focalizarse en el corto plazo: el inversor sin experiencia, y en especial las personas más jóvenes, no saben esperar, buscan resultados instantáneos, cuando en una operación financiera uno de los aspectos más relevantes es el tiempo. Por ejemplo, para invertir en una acción, el plazo de inversión no debería ser menor a un año, y con vistas a unos 3 años. La desesperación provocado por la impaciencia, puede tener un efecto devastador.
  2. Evitar los consejos de quienes trabajan por una comisión: en especial si la comisión está garantizada, pese al resultado de la operación. Aquí se debe analizar si quien aconseja va a ganar una porcentaje del resultado que vayamos a obtener una vez realizada la operación, o si ese consejero ya tiene asegurada su ganancia pese a nuestro resultado futuro. «Cada quien hace su negocio»
    y es cuando aparecen conflictos de intereses y donde la ética y la moral no suelen aparecer entre las primeras posiciones.
  3. Los gurúes financieros son humanos: si bien esto ya se ha dicho, muchas personas invierten su dinero ciegamente en una empresa, acción, moneda o cualquier otro instrumento, solo porque algún gurú financiero dió un dictámen positivo, o invirtió en ese instrumento. Recuerde que hasta el propio Warrent Buffett perdió dinero durante el 2008.
  4. Dejar que las emociones intervengan en las decisiones de inversión: si bien no hay ningún inversor 100% racional (a raíz de esto surge el punto anterior), uno no debe dejarse influenciar de forma excesiva por los sentimientos y las expectativas que se tengan. Hay que tratar de actuar los más racional posible. Por ejemplo, si vemos que el dólar sube, y sube su cotización, uno no debe comprar dólares, cuando todo empieza a indicar que ha llegado a su techo y que pronto empezará a descender. Debemos ser lo suficientemente razonables para entender que no todas las «ofertas» son reales. Tal como lo dice el dicho: «No todo lo que brilla es oro».

Aunque existe una gran realidad, uno aprende cometiendo errores. ¿No les parece?

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