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Desde que en septiembre de 2011 el gobierno griego anunció que, incluso con el plan de rescate del fondo europeo, no podría pagar sus vencimientos de deuda la situación dista mucho de haberse clarificado aun a pesar de que haya desaparecido de los titulares de la prensa.
En aquel momento, para evitar una quiebra de Grecia de modo oficial (porque la situación de hecho ya casi lo es) se planteo por vez primera la posibilidad de establecer quitas de deuda soberana que, para el caso griego montaban un 50% de su deuda global. Así se activó el segundo rescate de Grecia, cuyo gobierno amenazó con llevar a referendum.
Lo que no se aclara de la situación es que dicha quita tendría que negociarse con los acreedores privados (fundamentalmente entidades bancarias de Europa) y que éstos la aceptasen de modo voluntario. Desde entonces y van varios meses, las negociaciones siguen sin que haya habido un acuerdo. ¿Y a qué se debe dicha falta de acuerdo?
Aunque una primera opinión podría ser que las entidades no aceptan las pérdidas que dichas quitas les ocasionarían resulta que esta no es la cuestión. Los bancos han dado por hecho que van a perder el 50% del capital prestado; el problema que hay es que en la negociación está también el gobierno griego y el FMI que debe poner dinero y ambos consideran que un 50% es poco puesto que Grecia no puede pagar ni eso.
Según los rumores que circulan el FMI apuesta por una cifra entorno al 75%.
La segunda cuestión polémica es la forma de pago ya que se plantea la posibilidad de que lo que se pague no se pague en dinero (que debería poner el Fondo) sino en nuevos bonos de deuda griega en condiciones también negociables de nuevo.
De momento existe margen hasta marzo para un acuerdo, no obstante este es muy difícil puesto que, en tales condiciones algunos inversores podrían preferir que se declarase la quiebra a fin de cobrar los CDS que la aseguran.
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