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Los negocios, cuando son pequeños, tienden a estar centralizados en el propio dueño: él se encarga de realizar todo y practicamente no quiere ayuda, salvo por la de realizar esfuerzos físicos. A medida que la empresa va creciendo y el trabajo comienza a ser de gran cuantía, el emprendedor contrata un poco de personal para que le ayude.
Siempre que una empresa tenga un solo dueño, y no me refiero a la simple figura legal de la “unipersonalidad”, sino a la cuestión gerencial, la empresa tendrá poca delegación.
No ocurre lo mismo en empresas de cierto volúmen y donde son varios los dueños. Aquí todos quieren, y deben, participar con lo que la delegación es algo necesario.
Pero delegar es algo más que ceder tareas y funciones: es el punto de partida si se desea una estructura organizativa correcta. Muchos empresarios consideran que si delegan, pierden poder, autoridad o inclusive que las tareas no se van a desarrollar correctamente.
Una definición de delegar es:
Un medio utilizado por la Administración de Organizaciones, que posibilita la realización del trabajo por medio de otra persona.
Delegar trabajo no significa abdicar, sino buscar la manera de que se realice el trabajo por medio de un tercero.
Existen dos tipos de delegaciones:
La primera, descentralización, determina la estructura organizativa en forma vertical, es decir, determina la cadena de mandos. Mientras que la departamentalización, establece la estructura horizontal de la organización.
La descentralización es la cesión del poder de decisión de un nivel superior a un nivel inferior. Esto es algo que varía de organización en organización, pudiéndose encontrar los dos extremos: la escasa o nula delegación, frente a una fuerte descentralización.
Si bien la descentralización es importante, se debe no abusar de ella por tres razones básicas:
La departamentalización consiste en la sectorización de objetivos, actividades, procesos y recursos de una empresa, a través de la división de trabajo y la especialización.
Al delegar funciones (ya sean de decisión o de operación) uno delega autoridad, aunque no la pierde. Lo que no se delega es la responsabilidad. Es decir por más que sea el subordinado quien se haya equivocado al realizar las funciones, también es responsable su jefe inmediato por que debió controlar lo que se hacía.
Una correcta delegación es clave para el gerenciamiento de la empresa.
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