
Una de las cuestiones más emotivas por la que una persona puede pasar, es la de tener una “casa propia”. Haberla comprado, seguramente, con nuestros primeros ahorros es uno de los momentos más felices de nuestras vidas.
Es tan importante, que muchas veces, la sensación de tener que alquilar un lugar para vivir, es frustrante. Todo esto debido a nuestras creencias y costumbres. A su vez esta creencia se basa en que la inversión en ladrillos siempre ha sido la que mayor respaldo con el paso del tiempo ofrece.
Si bien estas ideas por muchos motivos son ciertas, uno debe tener en cuenta la situación económica real por la que atraviesa, antes de tomar una decisión de compra errada. Esto puede provocarnos un desastre financiero que tomará años recuperar.
El caso de miles de estadounidenses son el claro ejemplo, luego de la crisis de los créditos subprime. Los créditos hipotecarios suelen tener una tasa de interés elevada, además de las “severas” restricciones que imponen al momento de conceder un crédito.
Pero ¿cómo saber que es mejor? Para esto haremos un simple cálculo:
Ahora se debe comparar ambos resultados y ver cual es la alternativa menor. Si la alternativa menor es la de alquilar, entonces esa es la opción mas beneficiosa. Debemos tener en cuenta, que al obtener una hipoteca se le está pagando una tasa de interés (normalmente elevada) al banco que nos otorgó el crédito.
Entonces con el correr del tiempo, si uno ahorrara ese dinero sobrante de la comparación entre ambas alternativas (suponiendo que el alquiler es la opción menos costosa) y el precio de los inmuebles no aumentara, a la larga uno compraría el inmueble sin necesidad de solicitar el crédito hipotecario.
Claro que para ahorrar durante un largo tiempo y que no se deprecie, lo ideal sería un depósito a plazo fijo, un bono del Estado, o alguna alternativa de renta fija con bajo riesgo ya que el dinero es para cumplir con un objetivo específico.
La clave para saber si es conveniente o no el crédito hipotecario, es analizar el valor futuro de los créditos, que está íntimamente relacionado con el euribor, frente a la posible apreciación de los inmuebles.

