
Permitidme hoy que me desvíe un poco del tema central del blog. Hoy quisiera hacer una reflexión sobre el grave problema del cambio climático. Lejos de la crisis financiera en la que nos vemos envuelto y que como todos los problemas económicos y ciclos acabará en relativamente no demasiado tiempo (para el 2011), el cambio climático, o el efecto invernadero, como gustan de llamar algunos es un problema a largo plazo que igual no afecta a nuestra generación, pero que afectará a las futuras generaciones. E indefectiblemente, acabará por afectar a la economía mundial.
El cambio climático nos afecta, y más de lo que pensamos. En la famosa reserva natural de Doñana, lugar de acogida de cientos de especies que se trasladan hacia el sur en busca de calor, los efectos ya se están notando. Por ejemplo, los gansos ya han pospuesto un mes su llegada al espacio de Doñana en comparación con los datos que se registraron en la década de 1960.
Y si todavía a alguien no le queda claro, la Cerceta Común, el pato más pequeño que pasa el invierno en este bello espacio natural, ha ido reduciendo progresivamente su presencia en el parque desde hace 20 o 30 años a causa del aumento de las temperaturas. Las aves migratorias que antes elegían Doñana como residencia de invierno están reduciendo su presencia para quedarse más arriba, es decir, el aumento de temperatura global hace que dichas aves no viajes tan al sur para encontrar un lugar donde pasar el crudo invierno de algunos sitios.
Esto nos ha de hacer reflexionar un momento. ¿Estamos dispuestos a dejar perder un lugar como Doñana? Es cierto que los cambios climáticos se dan y se han dado a lo largo de la historia de este planeta, pero la cuestión es que el cambio climático que nos viene encima es diferente. La acción del ser humano, sobre todo desde la industrialización, ha acelerado la acción de la naturaleza y, recordémoslo durante un instante, la naturaleza es el equilibrio más perfecto pero a la vez más frágil que existe en nuestro entorno. Si las aves migratorias ya no viajan a Doñana, ¿dónde se quedarán?…
El riesgo de romper el equilibrio natural nos puede salir muy caro, las especies que dejen de viajar a Doñana pueden romper el equilibrio del ecosistema de otros sitios que nunca han tenido aves migratorias o incluso algo peor para ellos, pueden llegar a lugares donde ellas mismos se vean afectadas en su supervivencia. Y el de Doñana es sólo un ejemplo más.
¿Y qué hacer frente a ésto? ¿Estamos realmente dispuestos a dejar que la destrucción del entorno que conocemos se materialice tan rápido? Repito, la naturaleza tienen cambios climáticos pero somos nosotros los responsables de que éstos sigan su curso normal o se alteren por nuestras negligencias. Hay muchas formas de actuar, muchas de ellas individuales, como por ejemplo ser responsables con el reciclaje, controlar el gasto de agua e incluso intentar utilizar menos el coche. Pero estas medidas no son suficientes. Mientras nosotros intentamos utilizar menos el coche, empresas transnacionales están destruyendo otras partes del mundo, como el Amazonas, creando una crisis ecológica que afecta de manera directa en la velocidad del cambio climático.
Así pues, seamos responsables con el lugar en el que vivimos y, además de las medidas individuales que podamos adoptar, seamos intransigentes con las empresas que destruyen no sólo el planeta sino que nuestra vida, nuestras vacaciones y nuestros espacios naturales como el de Doñana, en verdadero peligro de dejar de ser un paraíso terrenal. ¿Cómo?… Haciéndonos oír, todos juntos, en asociaciones que luchan contra el cambio climático y obligando a los gobiernos a que adopten medidas más restrictivas frente a las empresas multinacionales que tienen la gran parte de la culpa, cuyos efectos todos los habitantes de la tierra sufrimos.
(Este post pertenece a la acción “100 posts sobre el cambio climático“).