
Los bonos de empresas son una las opciones más atractivas actualmente para invertir nuestros ahorros. No tan seguros como la Deuda del Estado, pero sí muchos más rentables. No nos dejarán tanto rendimiento como la inversión directa en Bolsa si ésta la hacemos bien, pero tampoco tienen tanto riesgo como ésta.
Lo ideal en momentos de alto riesgo económico como el actual, si optamos por invertir en bonos, es buscar aquéllos que emiten grandes compañías, como bancos puntales de su país, o compañías de una solvencia reconocida. Para momentos que, además, se caracterizan por una baja prestación por parte de los Bonos y Letras del Tesoro, la oportunidad de comprar este tipo de bono corporativos es mayor y más aún cuando la desconfianza existente en el sistema financiero parece irse disipando poco a poco.
Este viernes, por ejemplo, el BBVA colocó en apenas dos horas una emisión de bonos por valor de 1.000 millones de euros. Pero además, la oferta se suscribió en 2,8 veces, alcanzando la demanda los 2.800 millones de euros, lo que demuestra claramente la recuperación paulatina del mercado financiero.
Pero ¿qué es un bono? ¿cómo funciona?
El bono es un título que se emite a largo plazo por el que la empresa o prestatario recibe un dinero a cambio de reembolsarlo en una fecha determinada años después, más un interés pactado que se devenga entre el periodo que se formaliza el préstamo y la fecha de reembolso. Interés que en el caso de los bonos lleva por nombre “cupón“.
Hay diferentes clasificaciones de bonos, pero la que más nos interesa en estos momentos se referencia a la garantía que los cubren, de modo que podemos distinguir entre bonos hipotecarios y bonos amortizables.
Los bonos hipotecarios tienen el respaldo de una hipoteca o un activo a largo plazo de la empresa que emite el bono.
Los bonos amortizables no llevan adjunta ninguna garantía adicional ni cobertura, por lo que el riesgo es mayor, pero por contra, ofrecen una rentabilidad mayor.
Este último caso es una buena opción de inversión, siempre que, como hemos dicho anteriormente, lo hagamos en aquéllos emitidos por compañías con una importante solvencia, de modo que nos aseguremos mínimamente que nos reembolsarán el dinero en el futuro previsto. Por esa razón, y más en una situación económica como la actual, debemos evitar los bonos basura o especulativos, emitidos por empresas de segunda fila o con una solvencia más que dudosa.
Por otro lado, y como parte de esos bonos amortizables, están los bonos convertibles, otra gama diferente, en el que la amortización se realiza por acciones de la propia compañía a un precio que se había fijado en el momento de la emisión del bono. Aquí el cupón o interés es más bajo, porque se juega con las previsiones futuras de subida en Bolsa del valor del título, por lo que también, por ello, el riesgo es mayor.
[...] Incluso si la empresa quebrase, los tenedores de las acciones preferidas tienen “preferencia” en el cobro frente a los accionistas comunes, pero luego de los bonistas de la empresa. [...]
pingback por Acciones Preferentes29-10-2009 @ 09:00